Para explicar la influencia de la planta sobre el virus, Papy puede difícilmente recurrir a la astucia utilizada en el caso del fusarium. Un virus no se desarrolla sobre medio artificial. Es un parásito absoluto, que no puede sobrevivir fuera del organismo vivo. Y ve mal cómo explicar la cosa partiendo de la relación tomate/VMT.
Va pues a elegir una diferente planta/huésped: el tabaco. Una planta que conoce y que parece especialmente bien adaptada a esta clase de estudio. El director del laboratorio y la mayor parte de su equipo estudian en efecto la influencia de la temperatura sobre la relación huésped/parásito existente entre el tabaco y este virus (véase la contaminación accidental por el VMT de una planta alcanzada de fusariosis).
El tabaco posee grandes hojas lanceoladas dotadas de pelos. Si se empapa una barra de vidrio en una suspensión de virus, y si se frota ligeramente la epidermis de una hoja con la barra en cuestión, algunos pelos van a romperse permitiendo al virus penetrar en la planta. Dos casos pueden entonces presentarse:
- caso n° 1: El virus se multiplica normalmente. Comienza por invadir la hoja, luego coloniza progresivamente toda la planta, raíces incluidas. Sin causar reacciones particulares, sino manchas blancas o amarillas que aparecen en la superficie de las hojas (de ahi el nombre de mosaico otorgado a la enfermedad), un crecimiento reducido y una mala calidad de las hojas que pierden todo valor comercial. Se dice entonces que la planta es sensible, o que pertenece a una variedad sensible al mosaico del tabaco.
- caso n° 2: Tres días después de la inoculación aparecen en los lugares de penetración del virus pequeñas manchas marrones, necróticas, de dos milímetros de diámetro. Estas manchas se rodean con una aureola amarillenta en la cual se puede detectar la presencia de virus. Pero este virus, privado de su envoltura proteica, está en estado latente, incapaz de invadir los tejidos vecinos que siguen siendo verdes y sanos. Esto a temperatura normal (20°C). Ya que si se coloca esta planta a una temperatura de 30°C, el virus hasta entonces inactivo vuelve a multiplicarse e invade ahora los tejidos vecinos. Una actividad que va a durar mientras que la planta permanezca en 30°C. Si se pone de nuevo esta planta a 20°C, se produce necrosis en los tejidos colonizados y una aureola amarillenta aparece al perímetro de las zonas necróticas. Una aureola que contiene virus, nuevamente incapaz de invadir los tejidos vecinos. Se dice que la planta es hipersensible al mosaico del tabaco.
Lo que es interesante en esta historia, es que se encuentra aquí, localizados en el espacio, tres acontecimientos que normalmente se suceden en el tiempo: hoja verde, hoja amarilla, hoja muerta. Con toda evidencia, el virus encuentra en las hojas hipersensibles un medio que le conviene muy bien. Aunque se multiplique de manera muy rápida. Tan rápida y tan intensiva:
- que los tejidos colonizados, literalmente vaciados de su nitrógeno, se mueren de vejez y se produce necrosis,
- que los tejidos vecinos, afectados ellos también, son ya tan pobres en nitrógeno que amarillean, dando prueba de un estado de senectud avanzado. De ahi la imposibilidad para las partículas virales que comenzaron a multiplicarse de acabar correctamente su crecimiento. Aqui está nuestro virus, a mitad constituido y perdiendo todo poder infeccioso, teniendo que esperar que un fenómeno exterior (un aumento de la temperatura por ejemplo) quiera dar a la planta una nueva juventud. Con su corolario obligatorio: una reactivación del metabolismo nitrogenado.
¿Es necesario precisar que Papy se tomó el trabajo de recuperar algunas plantas de tabaco las cuales necesitaba para estudiar su reacción a la auxina y a la giberelina, y para comparar el contenido en nitrogeno de plantas colocadas a 30°C con el de plantas permanecidas a 20°C?